Hay una pregunta que me acompaña desde hace algún tiempo: ¿en qué momento dejamos de construir comunidad, para empezar simplemente a compartir espacios?
Vivimos en edificios cada vez más grandes, en conjuntos cada vez más modernos y en comunidades cada vez más numerosas. Sin embargo, pareciera que, mientras crecen las edificaciones, disminuye nuestra capacidad de relacionarnos.
Nos conocemos por el número del apartamento, pero no por el nombre. Coincidimos en los ascensores, compartimos parques, pasillos y zonas comunes, pero pocas veces construimos propósitos comunes. Y tal vez ahí radique uno de los grandes desafíos de la propiedad horizontal del presente y del futuro: entender que no se trata solamente de administrar edificios, sino de aprender a habitar comunidades. La Ley 675 de 2001 nos entrega herramientas para organizar la vida colectiva, establecer derechos, deberes y resolver conflictos.
Pero ninguna norma puede sustituir algo esencial: la decisión de reconocer que la convivencia es una responsabilidad compartida. Porque la convivencia no es la ausencia de desacuerdos. La convivencia es la capacidad de gestionar las diferencias sin deteriorar las relaciones humanas. Quizás hemos dedicado demasiado tiempo a identificar a las personas difíciles y muy poco a construir ciudadanos comprometidos con la vida comunitaria. Las comunidades no se fortalecen únicamente cuando aparecen más sanciones; se fortalecen cuando aparecen más personas dispuestas a aportar, participar y asumir corresponsabilidad sobre lo que ocurre a su alrededor.
Por eso, necesitamos poner a las personas en el centro de la convivencia. No desde la imposición, sino desde la conciencia. No desde el individualismo, sino desde el bienestar colectivo. Ahí es donde cobra sentido, Yo Soy Buena Nota®, una iniciativa que busca fortalecer la cultura de convivencia a través de pequeñas acciones que generan grandes transformaciones. Porque una copropiedad no se mide por la altura de sus edificios, sino por la calidad humana de quienes la habitan.
Y quizás ese sea el verdadero significado de De Colores: comprender que nuestras diferencias no son una amenaza, sino una oportunidad para construir comunidades más humanas. Porque la convivencia no se impone. La convivencia se construye, se cuida y se comparte. Yo Soy Buena Nota®: pequeñas acciones que construyen grandes comunidades.