¿ Alguna vez te has sentido así? Eres administrador de un edificio y de repente, a las 11 de la noche, suena el teléfono. Un propietario te llama porque se le reventó una tubería. O quizás te sientas agobiado cuando tienes que presentar las cuentas y sabes que alguien va a reclamar, sin importar lo que hagas.
Tal vez seas propietario y también te sientas impotente. Pagas una cuota que sube sin parar y te enfadas en una reunión de copropietarios que acaba a gritos. Pero hoy quiero hablar de algo que pocas veces se menciona en las asambleas: cómo la globalización de la administración y la hiperconectividad nos están enfermando, uno a uno, dentro de esta pequeña aldea que llamamos propiedad horizontal.
La globalización de la administración no es solo cosa de grandes empresas. La forma de gestionar que empezó en oficinas de Nueva York o Tokio -disponibilidad total, productividad por encima de todo- se ha colado en nuestros edificios. Los administradores ya no dejan de trabajar a las 6 de la tarde. Ahora responden correos desde su celular mientras cenan. Atienden grupos de WhatsApp con 80 propietarios que escriben a cualquier hora. Y se sienten culpables si se desconectan un domingo.
La hiperconectividad nos prometió agilidad, pero lo que trajo fue una cadena invisible: el teléfono siempre vibra y la mente nunca descansa. La Organización Mundial de la Salud dice que la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo. Y será la principal causa de discapacidad en unos años. Créame, muchos administradores de edificios están en esa estadística, aunque nadie lo sepa.
El informe *People at Work 2024* dice que más del 60% de los trabajadores en 17 países, se siente emocionalmente agotado. Y los propietarios, atención: ustedes también sufren las consecuencias de esta globalización silenciosa. Un administrador agotado no resuelve bien los conflictos. Toma malas decisiones financieras. Pierde la paciencia. Y entonces usted, propietario, se siente abandonado.
La hiperconectividad de él genera desconexión emocional con usted. La propia Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), reconoce el *burnout* como un fenómeno laboral real: agotamiento extremo, cinismo y baja eficacia profesional. Pero hay esperanza. La misma globalización que trajo estos problemas ha traído soluciones. Existe una norma internacional (ISO 45003) que enseña a organizaciones de todo tipo -también a los conjuntos residenciales- a gestionar la salud psicológica.
La OMS y la OIT han dicho claro: el derecho a la desconexión no es un lujo, es una necesidad básica. Países como España, Canadá y Chile ya protegen por ley que nadie esté disponible 24/7. ¿Por qué su edificio no podría adoptar ese principio? Propietario, no escriba al administrador a las 10 de la noche si no es una emergencia real. Administrador, ponga límites. Negocien horarios de atención. Usen herramientas de gestión que no dependan del *WhatsApp* perpetuo.
La propiedad horizontal puede ser un lugar de convivencia sana si entendemos algo: los números importan, claro, pero las personas importan más. La globalización de la administración no tiene por qué significar sufrimiento. Podemos construir una administración global que sea humana. Y eso empieza por algo sencillo: ser honesto con nuestros límites y necesidades, Decir “estoy agotado”. Escuchar “yo también”. Porque al final del día, ningún informe de cuotas ni ninguna filtración urgente, vale más que su paz mental. Y eso, querido administrador, querido propietario, eso sí que debería ser universal