La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo cotidiano de millones de personas. En Colombia, el 92% de los trabajadores encuestados por EY declaró utilizarla en su actividad laboral. Sin embargo, buena parte de ese uso se concentra en tareas simples y el 82% recurre a herramientas personales, muchas veces por fuera de criterios organizacionales definidos.
Es una contradicción: uno de los grandes desafíos actuales es adoptar una tecnología que equivale a transformar una organización. A escala global ocurre algo parecido. Según McKinsey, el 88% de las organizaciones ya usa IA de manera regular, pero solo el 6% logra un impacto de implementación y apenas un 6% de la mayoría más de sus capacidades.
De esa brecha habló en el IX Congreso de Alta Gerencia en Propiedad Horizontal, en Bogotá, ante más de mil asistentes de un sector que busca profesionalizarse y adaptarse a nuevas exigencias de gestión. La pregunta que dejó sobre la mesa fue directa:
¿Cómo se pasa de usar herramientas de inteligencia artificial a transformar la forma en que se trabaja?
Parte del problema está en la aparente facilidad del acceso. La IA no nació en 2022, pero se volvió masiva cuando una tecnología extremadamente compleja empezó a parecerse a una simple conversación. La ventana de chat y el lenguaje cotidiano hicieron casi invisible la curva de aprendizaje.
La puerta de entrada es sencilla, pero la profundidad del uso depende de la preparación y del criterio profesional.
Esa falsa facilidad alimenta una confusión frecuente: creer que usar inteligencia artificial es lo mismo que saber usarla. Al terminar mi intervención, una administradora se acercó con su hijo adolescente. Me dijo que quería aprender y que quería que él también aprendiera, pero le preocupaba algo muy concreto: que estas herramientas terminaran haciendo que las personas dejaran de pensar.
No era una inquietud aislada: la escucho en cada capacitación que doy. La gente teme que la tecnología pregunte, cree, responda y piense mucho con certeza.
Mi respuesta fue la contraria: para trabajar bien con inteligencia artificial necesitamos pensar más, no menos. Los modelos generativos producen respuestas fluidas y convincentes, pero no necesariamente correctas.
La diferencia está en comprender que la IA no reemplaza el pensamiento humano, sino que amplifica nuestras capacidades cuando existe dirección, criterio y propósito.
El futuro no pertenece a quienes simplemente usan tecnología, sino a quienes saben integrarla estratégicamente.
Los dos extremos de una misma duda: unos creen que los modelos pueden hacerlo todo; otros temen que nunca puedan reemplazar el juicio humano.
La lógica es simple: humano + IA = mejores resultados.
El profesional responde, decide y aporta criterio. La herramienta acelera procesos, organiza información y facilita tareas.
Para Colombia no tenemos un auditoría. En los días siguientes recibí comentarios de personas que todavía no conocían estas herramientas o que se acercaron a una cultura que hasta entonces conocía sobre todo desde lo profesional.
No es una charla fuera de agenda, es una conversación necesaria porque el futuro ya llegó y hay que aprender a convivir con él.